jueves, 16 de abril de 2009

Frágiles

Nunca sabes realmente cómo son las cosas de frágiles. En qué momento se rompe un corazón es casi palpable, pero cuando se raya no nos damos cuenta.
Cuando la inocencia empieza a perder su brillo, cuando los bordes se cuartean y se van perdiendo mientras andas.
Como desde un cristal rayado no se vuelve a ver igual.
Empiezo a tener miedo de sacar mi alma a la calle, por si se cae y se me rompe, por si me empujan y caigo sobre ella, quedándome con sus esquirlas clavadas en el pecho. Sangrando.
Parece que cuanto menos se tiene menos suerte hay, que a perro flaco todo son pulgas, o eso dicen, parece mentira que no lo supieras ya. Pareces tonta.
Hasta que llega un momento en el que no sabes si has hecho bien o has hecho mal por tener ilusiones, por correr hacia el horizonte o mirar hacia el sol, si tus córneas estarán dañadas para siempre y no podrás volver a ver nunca más (siempre habiendo partido de la falacia de que valiese la pena).
Y... ¿De qué valdría tenerlo todo si por no romperlo jamás se usase?
Deja el corazón latiendo que no sirve para más, a ver si por amor lo resquebrajas, que viva siempre en gris.
Y todo esto ¿Por qué? Porque quiero consolarme por haberlo roto. Todo. Cuando no tengo suficiente para reemplazarlo.

1 comentario:

carpe diem dijo...

Tenemos la costumbre de pensar que cuando algo no funciona, no funcionará otra vez. Pero todo tiene arreglo. Hasta el corazón puede aguantar algun que otro "pinchazo".

Escribes de una forma muy bella. Me ha llamado mucho la atención tu forma de expresarte. No sé, es diferente, pero llega.
Me he puesto de seguidora, espero que no te importe, quiero seguir visitando este rincón de poesía y pensamiento.
Un beso, Nanah!